La primera gran semilla que se plantó, tanto en las mentes como en los corazones de los ciudadanos de multitud de sociedades, y que derivaría finalmente en el establecimiento de la llamada Clase Media, tuvo su lugar y momento en los Estados Unidos durante los peores momentos de la Gran Depresión, acontecimiento éste que tuvo su manifestación más cruda entre los años 1929 y 1934. Dicha semilla se plantó con el llamado “New Deal” de Roosevelt en 1933. Obviando muchos aspectos de dicho paquete de medidas, que no hicieron más que extender la debilidad de la economía norteamericana hasta 1939, a las puertas de la II Guerra Mundial, lo que supuso el citado “New Deal” fue la “inoculación” en la sociedad estadounidense de la idea de que el Estado debe intervenir fuertemente en materia legislativa y administrativa, especialmente cuando la situación económica lo requiera, para proporcionar seguridad, sustento y si es posible, empleo. Es en EE.UU., en este contexto, concretamente con la “Social Security Act” de 1935, en donde nace la Seguridad Social, aunque ya se había implantado un “Seguro de Enfermedad” en la Alemania de Otto von Bismarck, en 1883. El resto de países la irían implantando según los años y las circunstancias.
La actuación gubernamental del “New Deal” sentó, además, las bases del sentimiento de que es necesario mantener a amplias capas de la población con empleo para que el Estado pueda captar los suficientes recursos para aportar, con el gasto público, un extra de demanda que genere aún más crecimiento económico. Es lo que se llama keynesianismo. Este movimiento fue el gran precursor de la Clase Media y fue el enfoque dominante en la economía desde el fin de la Gran Depresión hasta finales de los años 70, con los shocks petroleros.
El nacimiento oficial, la puesta de largo de la Clase Media tuvo lugar en la mayoría de los países desarrollados justo después de la II Guerra Mundial, incubada por el fortísimo deseo de proporcionar paz, seguridad y bienestar a la mayor cantidad posible de ciudadanos (como en la Gran Depresión, pero esta vez por motivos más que dramáticos), y alimentada con los millones del Plan Marshall, liquidez ligada al consumo y la inversión que propició un arranque de la rueda de la recuperación y el desarrollo económicos que desembocó en los 25 años más prósperos de la historia hasta el primer crash petrolero de 1973. De nuevo el keynesiamismo actuando.
Por España dicho plan Marshall no se detuvo (como en la película de Berlanga) pero sí que hubo una particular ayuda keynesiana con el Plan de Estabilización de 1959. Dicho apoyo financiero, junto con algunas grandes reformas económicas que se ejecutaron en ese entonces, como por ejemplo, la instauración de la Seguridad Social (muy del estilo de la creada en 1935 por Roosevelt y posteriormente en otros países del entorno europeo) provocaron un período de auge económico también en España que duró hasta la mencionada crisis del 73.
En definitiva, casi todo Occidente vivió una auténtica época dorada desde aproximadamente 1948 hasta 1973, con la salvedad de algunos países que se sumaron tarde a la fiesta del desarrollo.
En la parte del bloque comunista pasó tres cuartas partes de lo mismo, pero sin planes Marshall y sin desarrollo de libertades, pero con mucha planificación y sacrificios de todo tipo, con la total intervención del Estado, con el establecimiento de mancomunidades o “commonwealths” de países del bloque (como el llamado Pacto de Varsovia) y con un consumo cada vez más exacerbado de recursos explotados por el centro del bloque, que era la U.R.S.S., la cual podía captar los suficientes recursos como para mantener la máquina bélica bien engrasada. En dichas sociedades no se dió cabida a la llamada Clase Media porque ésta era considerada la pequeña-burguesía, una de las clases a las que había que eliminar (esa lección la aplicó muy bien Pol Pot en Camboya). En su lugar se forjó una amplísima clase trabajadora universalmente alfabetizada y bien instruida en todo tipo de labores y profesiones cuyos efectos todavía se perciben en las sociedades herederas de aquellos regímenes.
Por último hay que hablar de Japón, que tras la II Guerra Mundial y hasta el presente logró desarrollar, bajo condiciones de libertad de derechos civiles, una sociedad muy igualitaria en cuanto a la distribución de los estratos sociales. La manifestación más significativa de estas circunstancias es la conformación de la Clase Media más amplia que haya existido nunca en sociedad alguna. Ello se consiguió utilizando un modelo sociológico y económico basado en: masiva concentración urbana, universalización y excelencia (bajo parámetros de rendimiento) del sistema educativo, hiper-industrialización y métodos de ascenso y mejora social por medio del desempeño y la antigüedad laboral exclusivamente. Todo lo anterior, unido a la particular ética del trabajo nipona, dieron como resultado la emergencia de una vasta capa de población que puede ser considerada como Clase Media.
El resto del mundo quedó bastante al margen de dichos movimientos o evoluciones económico-sociológicos, por ser en su momento (y aún en parte) la periferia del sistema. Puede resultar irónico, pero ha resultado que la emergencia y el mantenimiento de los estándares de vida alcanzados por las Clases Medias de la OCDE se ha basado en que la periferia haya estado “revuelta” siempre, política, económica, social y militarmente. Ahora que la Clase Media de los países desarrollados está agotada, saturada y atiborrada de productos de consumo es cuando hay interés en desarrollar la equivalente en los países de la periferia.
Este es el diagnóstico del nacimiento de la Clase Media en la segunda mitad del siglo XX. A partir del año 1973 comienza el proceso de minado del campo de la cohesión social y de la consolidación de dicho estrato social cuando Richard Nixon eliminó unas cuantas funciones y asignaciones presupuestarias de la Seguridad Social. Lo que ocurrió entre 1973 y 1979 fue un período de convulsiones económicas debido a los shocks petroleros, cuyos efectos en la economía (especialmente en el empleo) duraron hasta 1983, y que supuso un nuevo golpe a la Clase Media. Estos años fueron también de transición y convulsión política para muchos países. El año 1982 fue clave, ya que fue el momento en el que se puso de largo la nueva corriente económica surgida de la Escuela de Chicago y cuyo máximo precursor fue Milton Friedman. Se trata del monetarismo neoclásico, liberalismo neoclásico o neoliberalismo y tuvo su bautismo político en el Consenso de Washington que ese año firmaron Margaret Thatcher y Ronald Reagan.
Para simplificar la última parte del análisis, hay que decir que el eje central del neoliberalismo es la exacerbación de la competencia, a todos los niveles de la sociedad y la economía. Esto implica, entre otras cosas, la apertura de las sociedades desarrolladas a gran parte de lo que existe más allá de ellas. La cuestión es: si la Clase Media de los países desarrollados sólo ofrece un poco de trabajo y mucho consumo bien pagados, y existe a la vez la fuerte competencia de la clase trabajadora de los países menos desarrollados, que ofrecen mucho trabajo y poco consumo mal pagados, la fórmula empresarial es clara: el trabajo donde hay mucho trabajo mal pagado y el consumo donde hay mucho consumo bien pagado.
Todo ello da como resultado que la razón de ser de la Clase Media, que era el empleo relativamente bien pagado, esté deshaciéndose como un azucarillo lenta pero inexorablemente desde hace más de 25 años. La consecuencia es el declive y casi desaparición de este estrato social, que ha sido determinante y el centro de las políticas desde hace ya más de 60 años, la clase de la paz social por excelencia, la que ha amalgamado y cohesionado a toda la sociedad. Todo esto está en peligro de romperse porque la Clase Media corre el riesgo de extinción, como los dinosaurios.