Acontecimientos recientes y extraordinarios en la Historia de la Humanidad

En los últimos dos años se han producido varios fenómenos sin precedentes en la Historia, que tienen diferentes tipos y grados de implicación:

  • Desde el año 2008, por primera vez existen más seres humanos viviendo en ciudades que en el entorno rural.
  • Desde el año 2008, por primera vez en las sociedades de los países desarrollados, se lee más prensa digital que en formato impreso.
  • Desde el año 2009, por primera vez se produce más pesca de cultivo o de piscifactoría que pesca tradicional o salvaje.
  • Desde el año 2009, por primera vez en los países desarrollados, las personas menores de 25 años dedican más tiempo sentados frente al ordenador navegando y comunicándose a través de Internet que frente al televisor.
  • Desde el año 2008, por primera vez el saldo vegetativo (nacimientos menos defunciones) en tiempos de paz es negativo en al menos un país: Japón
  • A mediados del año 2008 quedó establecida la máxima producción diaria de crudo convencional y no convencional que habrá de obtenerse jamás en el mundo.

Cuando las mentiras se dibujan con muchas manos, las verdades se pintan con un sólo dedo

Ésta es la frase que aparecía en una pintada en un muro de una caseta de la playa a la que acudí un día de este verano. Me resultó, cuando menos, curiosa y digna de reproducir en este blog.

Analizando la sentencia, se puede decir que es una meta-verdad, es decir, se nos muestra como verdadera por sí sola aunque la proposición no aluda en sí misma a nada particularmente verdadero. En ese sentido, no se sabe cuáles son esas verdades que merecen ser “pintadas”, pero lo importante es que la afirmación es verdadera o, por lo menos, verosímil. Corresponde al lector “llenar de contenido”, o lo que es lo mismo, dotar de referencias a la frase.

Así pues, para cada uno de nosotros, ¿qué verdades se pueden y se deben pintar con un sólo dedo?

La verdad está en todo…

… sólo que, siguiendo el método dialéctico, unas proposiciones son la tesis, otras son la antítesis y otras son la síntesis.

Incluso las ideas más atroces contienen algo de verdad, ya que aquellas componen la antítesis de ésta. Se puede descubrir la Verdad conociendo primero su reverso, como se sabe lo que está al otro lado de una moneda si se está viendo la cruz.

Incluso las ideas más relegadas al olvido contienen algo de verdad, pero han sido desechadas por estar mal explicadas u ofrecer respuestas sin haber formulado las preguntas adecuadas.

Competitividad e Innovación

¿Qué es la innovación? Existen varias definiciones del concepto. Dos de las cuales son las siguientes:

La innovación es el proceso satisfactorio en el que se invierte conocimiento para obtener un beneficio.

La innovación es el proceso satisfactorio de transacción entre un cambio aportado y un beneficio recibido gracias a dicho cambio.

Hay que tener en cuenta que la innovación es un proceso que los seres humanos realizamos en un entorno que puede ser concurrente (competitivo o cooperativo) o no concurrente (solitario). Por otro lado, el concepto de beneficio puede adquirir un significado económico o social, dependiendo de si el actor que protagoniza la innovación y el entorno donde se desarrolla tienen un carácter económico (empresas o individuos con ánimo lucrativo) o social (organizaciones, entidades o individuos con ánimo no lucrativo). Particularmente se suele hablar de innovación cuando ésta se produce en un entorno económico concurrente y competitivo. En este ámbito, una oportuna definición de innovación podría ser la siguiente:

La innovación es el proceso satisfactorio por el cual se implementa un cambio para alejarse, al menos parcialmente, de la competencia.

Hay que prestar especial atención a la última parte de la anterior definición: la innovación implica “salirse” de la competencia. No trata de situarse en el meollo de la misma, sino, al contrario, su objetivo es “apartarse” de su centro. ¿Por qué esa consideración? Pues debido al concepto preciso de competencia:

La competencia es la concurrencia de dos o más agentes que no cooperan entre sí, tienen objetivos iguales, equivalentes o afines y poseen semejante o comparable capacidad para poder conseguirlos.

Por lo tanto, innovar, que conlleva “alejarse” algo o completamente de la competencia, quiere decir, en realidad: dejar de concurrir, cambiar de objetivos o modificar, cualitativa y/o cuantitativamente, la capacidad para lograr los objetivos. ¿Qué es ser competitivo? Es poseer la cualidad de competitividad. Entonces, ¿qué es la competitividad? Es la cualidad de situarse, en mayor o menor grado, fuera de toda competencia. En definitiva, y según todo lo expuesto anteriormente, la definición última de innovación, vendría a ser la siguiente:

La innovación es el proceso a través del cual se obtiene mayor competitividad en la actividad estudiada.

El que calla, no otorga, sólo calla

Se suele expresar, ante cualquier clase de interpelación (una propuesta, una sugerencia, una reclamación, una pregunta, una acusación, etc.) que “el que calla, otorga”. Pues bien, yo creo que, de entrada, lo único que se puede afirmar con certeza tautológica es que “el que calla, calla”. Lo anterior, harto obvio, implica que el que lo hace no tiene por qué estar otorgando la interpelación, sino simplemente estar guardando silencio, por diversos motivos. El que calla, lo puede hacer porque:

  • Quiere que la otra persona deje de hablar del tema objeto de discusión, en un intento pasivo por provocar que la conversación siga por otro camino. Esto podría ser un síntoma de incomodidad, lo cual podría ser un indicio incluso de lo contrario a lo pensado: total inconformidad y desacuerdo con lo planteado. Por deferencia y respeto a las formas, la persona puede haber callado para no forzar una acalorada discusión.
  • No tiene opinión alguna sobre el tema de la conversación, ignora completamente los entresijos enunciados o no tiene el más mínimo interés real por ser partícipe de la interpelación.

Así pues, queda demostrada la falacia implícita que subyace del dicho “El que calla, otorga”.

Nueva especie en peligro de extinción: la Clase Media

La primera gran semilla que se plantó, tanto en las mentes como en los corazones de los ciudadanos de multitud de sociedades, y que derivaría finalmente en el establecimiento de la llamada Clase Media, tuvo su lugar y momento en los Estados Unidos durante los peores momentos de la Gran Depresión, acontecimiento éste que tuvo su manifestación más cruda entre los años 1929 y 1934. Dicha semilla se plantó con el llamado “New Deal” de Roosevelt en 1933. Obviando muchos aspectos de dicho paquete de medidas, que no hicieron más que extender la debilidad de la economía norteamericana hasta 1939, a las puertas de la II Guerra Mundial, lo que supuso el citado “New Deal” fue la “inoculación” en la sociedad estadounidense de la idea de que el Estado debe intervenir fuertemente en materia legislativa y administrativa, especialmente cuando la situación económica lo requiera, para proporcionar seguridad, sustento y si es posible, empleo. Es en EE.UU., en este contexto, concretamente con la “Social Security Act” de 1935, en donde nace la Seguridad Social, aunque ya se había implantado un “Seguro de Enfermedad” en la Alemania de Otto von Bismarck, en 1883. El resto de países la irían implantando según los años y las circunstancias.

La actuación gubernamental del “New Deal” sentó, además, las bases del sentimiento de que es necesario mantener a amplias capas de la población con empleo para que el Estado pueda captar los suficientes recursos para aportar, con el gasto público, un extra de demanda que genere aún más crecimiento económico. Es lo que se llama keynesianismo. Este movimiento fue el gran precursor de la Clase Media y fue el enfoque dominante en la economía desde el fin de la Gran Depresión hasta finales de los años 70, con los shocks petroleros.

El nacimiento oficial, la puesta de largo de la Clase Media tuvo lugar en la mayoría de los países desarrollados justo después de la II Guerra Mundial, incubada por el fortísimo deseo de proporcionar paz, seguridad y bienestar a la mayor cantidad posible de ciudadanos (como en la Gran Depresión, pero esta vez por motivos más que dramáticos), y alimentada con los millones del Plan Marshall, liquidez ligada al consumo y la inversión que propició un arranque de la rueda de la recuperación y el desarrollo económicos que desembocó en los 25 años más prósperos de la historia hasta el primer crash petrolero de 1973. De nuevo el keynesiamismo actuando.

Por España dicho plan Marshall no se detuvo (como en la película de Berlanga) pero sí que hubo una particular ayuda keynesiana con el Plan de Estabilización de 1959. Dicho apoyo financiero, junto con algunas grandes reformas económicas que se ejecutaron en ese entonces, como por ejemplo, la instauración de la Seguridad Social (muy del estilo de la creada en 1935 por Roosevelt y posteriormente en otros países del entorno europeo) provocaron un período de auge económico también en España que duró hasta la mencionada crisis del 73.

En definitiva, casi todo Occidente vivió una auténtica época dorada desde aproximadamente 1948 hasta 1973, con la salvedad de algunos países que se sumaron tarde a la fiesta del desarrollo.

En la parte del bloque comunista pasó tres cuartas partes de lo mismo, pero sin planes Marshall y sin desarrollo de libertades, pero con mucha planificación y sacrificios de todo tipo, con la total intervención del Estado, con el establecimiento de mancomunidades o “commonwealths” de países del bloque (como el llamado Pacto de Varsovia) y con un consumo cada vez más exacerbado de recursos explotados por el centro del bloque, que era la U.R.S.S., la cual podía captar los suficientes recursos como para mantener la máquina bélica bien engrasada. En dichas sociedades no se dió cabida a la llamada Clase Media porque ésta era considerada la pequeña-burguesía, una de las clases a las que había que eliminar (esa lección la aplicó muy bien Pol Pot en Camboya). En su lugar se forjó una amplísima clase trabajadora universalmente alfabetizada y bien instruida en todo tipo de labores y profesiones cuyos efectos todavía se perciben en las sociedades herederas de aquellos regímenes.

Por último hay que hablar de Japón, que tras la II Guerra Mundial y hasta el presente logró desarrollar, bajo condiciones de libertad de derechos civiles, una sociedad muy igualitaria en cuanto a la distribución de los estratos sociales. La manifestación más significativa de estas circunstancias es la conformación de la Clase Media más amplia que haya existido nunca en sociedad alguna. Ello se consiguió utilizando un modelo sociológico y económico basado en: masiva concentración urbana, universalización y excelencia (bajo parámetros de rendimiento) del sistema educativo, hiper-industrialización y métodos de ascenso y mejora social por medio del desempeño y la antigüedad laboral exclusivamente. Todo lo anterior, unido a la particular ética del trabajo nipona, dieron como resultado la emergencia de una vasta capa de población que puede ser considerada como Clase Media.

El resto del mundo quedó bastante al margen de dichos movimientos o evoluciones económico-sociológicos, por ser en su momento (y aún en parte) la periferia del sistema. Puede resultar irónico, pero ha resultado que la emergencia y el mantenimiento de los estándares de vida alcanzados por las Clases Medias de la OCDE se ha basado en que la periferia haya estado “revuelta” siempre, política, económica, social y militarmente. Ahora que la Clase Media de los países desarrollados está agotada, saturada y atiborrada de productos de consumo es cuando hay interés en desarrollar la equivalente en los países de la periferia.

Este es el diagnóstico del nacimiento de la Clase Media en la segunda mitad del siglo XX. A partir del año 1973 comienza el proceso de minado del campo de la cohesión social y de la consolidación de dicho estrato social cuando Richard Nixon eliminó unas cuantas funciones y asignaciones presupuestarias de la Seguridad Social. Lo que ocurrió entre 1973 y 1979 fue un período de convulsiones económicas debido a los shocks petroleros, cuyos efectos en la economía (especialmente en el empleo) duraron hasta 1983, y que supuso un nuevo golpe a la Clase Media. Estos años fueron también de transición y convulsión política para muchos países. El año 1982 fue clave, ya que fue el momento en el que se puso de largo la nueva corriente económica surgida de la Escuela de Chicago y cuyo máximo precursor fue Milton Friedman. Se trata del monetarismo neoclásico, liberalismo neoclásico o neoliberalismo y tuvo su bautismo político en el Consenso de Washington que ese año firmaron Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Para simplificar la última parte del análisis, hay que decir que el eje central del neoliberalismo es la exacerbación de la competencia, a todos los niveles de la sociedad y la economía. Esto implica, entre otras cosas, la apertura de las sociedades desarrolladas a gran parte de lo que existe más allá de ellas. La cuestión es: si la Clase Media de los países desarrollados sólo ofrece un poco de trabajo y mucho consumo bien pagados, y existe a la vez la fuerte competencia de la clase trabajadora de los países menos desarrollados, que ofrecen mucho trabajo y poco consumo mal pagados, la fórmula empresarial es clara: el trabajo donde hay mucho trabajo mal pagado y el consumo donde hay mucho consumo bien pagado.

Todo ello da como resultado que la razón de ser de la Clase Media, que era el empleo relativamente bien pagado, esté deshaciéndose como un azucarillo lenta pero inexorablemente desde hace más de 25 años. La consecuencia es el declive y casi desaparición de este estrato social, que ha sido determinante y el centro de las políticas desde hace ya más de 60 años, la clase de la paz social por excelencia, la que ha amalgamado y cohesionado a toda la sociedad. Todo esto está en peligro de romperse porque la Clase Media corre el riesgo de extinción, como los dinosaurios.

Amigo para siempre, S.L.U.

El liberalismo económico, en su versión extrema (ultraliberalismo) o plutocrática (neoliberalismo) da la impresión de generar una cultura imperante en las que las interrelaciones entre los individuos se analizan y, en última instancia, se acaban formalizando en términos económicos dentro del marco de un mercado. Al ser asignado un valor a todas las interacciones y recursos, terminan apareciendo iniciativas empresariales como aquellas que proponen, previo pago, llevarle un pseudo-amigo a casa del cliente con una caja de cervezas para hacerle compañía en una solitaria tarde de primavera.

La concepción harto economicista de la existencia humana que propone el liberalismo económico extremo acaba creando engendros como el del ejemplo anterior. Se pueden encontrar muchos más casos en la misma órbita.

Lo que puede provocar esta visión de las cosas es que las personas terminen asumiendo que cualquier necesidad, del tipo que sea, es susceptible de requerir una transacción económica, con la ansiedad añadida que supone para cualquier individuo el hecho de añadir otro plano más de interacción humana, y por ende, potencialmente de conflicto. Si se reconoce que existen muchas personas con dificultades para entablar relaciones con sus semejantes, el campo para el mercantilismo de esta realidad está más que abonado. La inclusión del aspecto económico como añadido a una posible interrelación, pervierte la naturaleza de la misma, ya que se da por sentado que ésta se realiza de forma altruista, por una necesidad existencial, no económica.

Implantado el liberalismo hasta sus últimas consecuencias, podríamos imaginarnos con facilidad un mundo en el que la sociedad sólo albergue intenciones de actuar bajo criterios económicos y, por ejemplo, los “amigos” registren su marca personal y también su actividad económica bajo una denominación como Amigo para siempre, S.L.U. La tarde de compañía se cobraría a 3 €/hora y los consejos a 1 €/unidad en persona, 0,50 €/unidad por teléfono y a 0,25 €/unidad a través de SMS.

¿Qué no está en crisis?

Desde el punto de vista global, tanto macroeconómicamente como microeconómicamente, se puede decir que el mundo desarrollado está en una crisis severa. Analizando todo de una manera un poco exhaustiva, habría que preguntarse, más bien, ¿qué no está en crisis?, y no hablamos sólo de la economía, sino también de otros aspectos como la sociedad, la ética, la religión o el medio ambiente.

Se habla mucho y se menciona numerosas veces la palabra “crisis”, pero ¿qué es una crisis?. Podría haber muchas definiciones de dicho término, pero yo prefiero quedarme con una:

Una crisis comienza con un punto de inflexión en un fenómeno o actividad y es un período en el que los esquemas, reglas y estados preeminentes hasta ese momento entran en una fase en la que es más probable que sean sustituidos por otros diferentes a que sigan su curso. El citado punto de inflexión es alcanzado cuando se detecta que las expectativas que hasta ese momento existían sobre ese fenómeno o actividad han sido o están siendo frustradas, no satisfechas o entran en declive.

Sería apropiado seleccionar los sectores y actividades humanas que, según el marco temporal a tener en cuenta:

  1. Llevan años sufriendo una crisis más o menos prolongada sin solución de continuidad
  2. Acaban de entrar en una crisis más o menos profunda
  3. Van a experimentar una crisis muy severa de forma inminente
  4. Se encaminan inexorablemente a una crisis intensa y duradera si no cambian las condiciones

El resultado del anterior análisis muestra una serie de 23 sectores y actividades humanas reconocidas en alguno de los 4 puntos anteriores:

  • Crisis macroeconómica y microeconómica
  • Crisis financiera y bancaria
  • Crisis monetaria
  • Crisis política
  • Crisis laboral
  • Crisis inmobiliaria
  • Crisis de los medios de comunicación
  • Crisis publicitaria
  • Crisis musical
  • Crisis cinematográfica
  • Crisis automovilística
  • Crisis aeronáutica
  • Crisis de recursos naturales no renovables
  • Crisis energética
  • Crisis hídrica
  • Crisis alimentaria
  • Crisis demográfica
  • Crisis climática
  • Crisis de la biodiversidad
  • Crisis educativa
  • Crisis ideológica
  • Crisis de valores éticos y morales
  • Crisis espiritual

Seguro que se podrían encontrar más elementos en crisis, pero casi todos, o los más importantes, están recogidos en la lista anterior. Resulta muy difícil discutir la presencia de los anteriores sectores en la lista, puesto que existen sobrados motivos para que cada uno de dichos elementos merezcan estar en el desglose.

No todo se encuentra en la misma situación. A grandes rasgos y, quizá, en algún que otro caso debido a que algunos sectores de la lista “crítica” se encuentra presente en ella, existen actividades humanas que presentan una posición excelente, como, por ejemplo:

  • Informática, Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información
  • Medicina, industria farmacéutica e industria natracéutica
  • Ecologismo y ambientalismo
  • Nanotecnología
  • Biotecnología e industria genética
  • Industria militar
  • Tráfico y explotación de mujeres con fines sexuales o neo-esclavistas
  • Tráfico y explotación de niños con fines sexuales, neo-esclavistas o bélicos
  • Tráfico de armas y material bélico
  • Tráfico de drogas, estupefacientes y fármacos
  • Tráfico de órganos humanos
  • Tráfico y explotación de animales salvajes
  • Tráfico de influencias, corrupción y nepotismo
  • Organizaciones criminales y mafiosas
  • Gobiernos e instituciones kakistocráticas
  • Economía sumergida o tráfico ilegal de bienes y servicios (estraperlo y contrabando)

No se conocen causas exógenas al ser humano que hayan provocado las crisis descritas en el primer desglose. En la gran mayoría de los casos, de una manera directa o indirecta, detrás de estas situaciones se esconde una dinámica o escalada de sobreproducción-sobreconsumo que responde a la idea preconcebida de que en un mundo finito como éste se puede experimentar un crecimiento ilimitado de las actividades humanas sin hacerse cargo plenamente de las servidumbres que éstas generan.

¿Estabilidad, Crecimiento y Empleos?

Aquí dejo una versión “retocada” del cartel que anunció la cumbre que los líderes del G-20 celebraron en Londres (Reino Unido) el 2 de abril de 2009.

Logo

Logo de la Cumbre de Londres del G-20 el 2 de abril de 2009

Como se puede ver, el lema escogido fue el de “Estabilidad, Crecimiento, Empleos”. Le he añadido unas interrogaciones a todas las palabras y, aunque parezca un tanto cínico, prefiero decir a eso que resulta mucho más cínico proponer estos vocablos viniendo de quienes vienen. Es como si el bombero pirómano, en pleno sofoco de las llamas del edificio, lanzara soflamas en favor de la prevención de incendios y del aumento de la dotación de medios para su extinción. En fin, me llamó la atención y por eso lo comparto. A ver qué les parece.

Yo, ante semejante lema, me hago varias preguntas. Si lo que se pretenden son las tres cosas, entonces es que se supone que se pueden dar a la vez, pero ¿de verdad se puede tener una situación de crecimiento estable y generador de empleos, todo al mismo tiempo?. Esta asunción, la de Estabilidad + Crecimiento, vuelve una vez más sobre el tan traído y llevado concepto de “Crecimiento Sostenible”, término que se suele estar referido únicamente al Medio Ambiente, pero que también es extrapolable a la economía ficticia y fiduciaria, más conocida como “mundo de las finanzas”. Antes que nada, incluso habría que hacerse algunas preguntas más para que no haya dudas sobre qué estamos hablando: Cuando se habla de estabilidad, ¿a qué nos referimos realmente? ¿La estabilidad de qué es exactamente lo que hay que preservar?. Cuando se habla de crecimiento, ¿a qué nos referimos concretamente? ¿El crecimiento de qué?

Las preguntas son sencillas de plantear pero extremadamente difíciles de responder con argumentos serios y válidos: ¿Se puede organizar un mercado o una realidad financiera que sea estable y creciente a perpetuidad? ¿La economía real puede crecer de manera sostenible y estable? ¿Podría organizarse todo esto sin que los empleos se conviertan en la Cenicienta o el convidado de piedra del mundo económico?

El negocio es el alquiler

Fotografía de local comercial en alquiler

Local comercial en alquiler en una céntrica calle de una ciudad media española.

La fotografía mostrada es real. Se tomó el 02/02/2009 en una relativamente concurrida y céntrica calle comercial y de servicios de una importante ciudad española. Se trata de un local comercial que en ese momento se encontraba disponible para ser alquilado.

La primera vez que vi el cartel de “Se alquila” en la fachada del local me causó asombro ver la disposición y el uso que hace del espacio, la manera tan “comercial” de anunciar un alquiler. Si en vez de dicho texto hubiese aparecido otro del tipo “Viajes Contour” o algo así, no me habría extrañado, pues esa serigrafía es más bien propia de un negocio que de un reclamo inmobiliario.

Con los efectos duraderos de mi asombro, no me pude resistir a hacerle una fotografía al susodicho local. Tuve la idea de compartir en mi blog esta pequeña anécdota, así como las reflexiones que me han surgido a raíz de ella.

Desde hace unos cuantos años el único negocio seguro y rentable a pequeña escala parece ser el del alquiler de locales. Independientemente de la ciudad, de la zona y del momento económico (pero especialmente en circunstancias de crisis económica), es innumerable la cantidad de espacios comerciales que existen para ser explotados y que se encuentran vacíos, infrautilizados. La paradoja de todo este asunto es que, ante la hiper-capacidad manifiesta, los precios de los alquileres no acompañan a la baja ante semejante panorama. El propietario de un local prefiere tenerlo “aparcado” durante muchos meses y a veces años a la espera de ser alquilado al precio propuesto por él antes que arrendarlo rápidamente con una renta un 25% o un 30% inferior.

Es antológica la rigidez y la inercia que muestran los precios en el mercado inmobiliario español, tanto en los locales comerciales como en las viviendas. Habría que estudiar a fondo las razones para que esto haya estado ocurriendo durante muchos años. Como comentario a esto último, se suele decir que el mercado español es más bien, utilizando términos técnicos, un anti-mercado, porque el binomio precios-cantidad sigue una relación inversa a la esperada en un mercado normal.

Se me ocurre una medida que podría ser eficaz para dinamizar el alquiler de locales comerciales, provocando que los negocios puedan establecer estrategias para minimizar las rentas satisfechas por este concepto, así como permitiendo que los propietarios puedan tener su activo inmobiliario produciendo rentas casi el 100% del tiempo. Se trataría de establecer, legalmente, mecanismos para permitir alquileres a renta variable, es decir, en función de la evolución del negocio que albergue el local en cuestión. Podría establecerse una especie de “canon” como los que son aplicados a los negocios que operan bajo el régimen de franquicia. En esas condiciones, la renta del alquiler sería abonada bajo una fórmula de tipo fijo sobre la facturación de la empresa. Siendo de fácil comprobación a qué cantidad ascendería el volumen de negocio de la sociedad arrendataria, no teniendo más que acordar la facilitación de dicho dato por la propia empresa o, en su defecto, consultar el Registro Mercantil para obtenerlo, sería muy fácil determinar la renta a satisfacer por la actividad arrendataria.

Según el modelo propuesto, y con los debidos incentivos, podría conseguirse que, si el propietario arrienda su local a un negocio nuevo, al principio del contrato la renta sería inexistente pero a medida que el negocio fuese obteniendo facturaciones crecientes, aplicando sobre ellas un tipo fijo y acordado por contrato, la renta en términos absolutos iría creciendo hasta hacerse, posiblemente, incluso superior con respecto a la obtenida a través del modelo tradicional utilizado hoy en día. Se generaría una especie de “mecanismo homeostático” en el que el propietario del activo fijo más importante de casi todas las empresas, que es el local donde se sitúa la actividad, se beneficiaría en razón directamente proporcional al éxito del negocio que arrendase. Por otro lado, si la renta, en términos absolutos, se hiciera demasiado gravosa para la empresa arrendataria, debería de poderse renegociar el tipo efectivo aplicado o de poderse rescindir el contrato de arrendamiento sin mayor problema a la búsqueda de un local con mejores condiciones para el negocio. Este mecanismo homeostático generaría una autorregulación en los precios de alquiler ya que, cuando la economía estuviese boyante y las empresas facturasen crecientemente, las rentas satisfechas aumentarían proporcionalmente, participando de dicho auge, provocando corrección o freno al beneficio empresarial; al contrario, cuando la economía estuviese en recesión y las empresas disminuyesen su facturación, las rentas de alquiler disminuirían y provocarían el alivio del coste empresarial por este concepto, mejorando sus balances. En caso de cierre de la actividad, el ciclo descrito terminaría y comenzaría uno nuevo con otra empresa.

Este modelo conlleva una mayor esfuerzo de análisis de la inversión por quien ostenta la parte arrendadora o propietaria del activo, ya que requiere estudiar y seleccionar los negocios que puedan proporcionarle mayores beneficios como parte involucrada (pero no comprometida) en la actividad empresarial objeto de contrato. Es una forma “indirecta” o “sucinta” de provocar la implicación y la generación del interés por parte del arrendador para que el negocio vaya bien: “si he de desear lo mejor para mi renta tengo que desear lo mejor para la empresa a la que alquilo mi local”.

No sé si en el ordenamiento jurídico español está contemplada esta fórmula de arrendamiento de locales comerciales, pero me parece una buena idea para tratar de eliminar la sobrecapacidad evidente que hay en cuanto a las fincas urbanas de uso comercial o industrial, así como para establecer un mecanismo eficaz y dinámico de fijación de precios de alquiler de dichos activos. Sólo faltaría establecer los incentivos (fiscales, legales, financieros, etc.) adecuados para que el propietario optase por esta fórmula de arrendamiento.


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